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El blog de alguien sin derecho a expresarse

Apatía y medicación

No os podéis imaginar el esfuerzo que me cuesta escribir esta entrada.

Y no, no es porque sea una entrada “dura” o porque no me atreva a contar lo que voy a contar. La entrada en sí no es la razón por la que me cuesta; lo que voy a contar es por qué me cuesta. ¡Cielos! Parece un juego de palabras.

Pero enseguida comprendereis a qué me refiero. El resumen de la entrada es el siguiente:

Me cuesta mucho concentrarme.

Me cuesta mucho concentrarme en escribir esta entrada sobre lo mucho que me cuesta concentrarme. Creo que ahora se entenderá lo anterior.

(Ahora es cuando lo dejo un rato.)

(He vuelto.)

Entre las dos frases anteriores, han pasado unos veinte minutos. Veinte minutos de dar vueltas por la casa como un perro enjaulado.

Me canso. Cualquier cosa que me exija un mínimo de concentración me cansa.

Hoy, todo hay que decirlo, estoy un poco peor de lo habitual, porque me he tomado al levantarme, por error, una pastilla que habitualmente me tomo al acostarme.

Pero eso no significa que los dicho hasta ahora no sea cierto en general. Tan sólo, quizá, me haya ayudado a darme cuenta de la situación.

Me cuesta mucho concentrarme en cualquier cosa. Lo que es peor, me cuesta mucho concentrarme en mi trabajo en concreto.

Me pasa con todo, pero que me ocurra con el trabajo es, quizá, lo más peligroso. Puedo desempeñar mi trabajo y saco, poco a poco, las tareas adelante. Pero funciono a medio gas. Ni eso, voy al ralentí de hecho.

Un caso concreto: hace año y medio desarrollé una herramienta para el trabajo. No entraré en detalles, pero era una relativamente compleja aplicación web. Y la desarrollé en unas ocho o diez semanas, alternando con una carga de trabajo diario más alta de la que tengo ahora.

(Otra pausa.)

(Esta vez, han sido sólo diez minutos.)

Ahora tengo que modificar la citada aplicación. Es una modificación no trivial, pero más sencilla que el desarrollo inicial de la aplicación, en parte porque la desarrollé intentando facilitar modificaciones futuras.

Llevo cuatro o cinco meses con ello. Sólo he hecho la parte más sencilla. Y me siento (casi) incapaz de hacer los cambios restantes.

Y no sólo se limita a ese (relativamente complicado) proyecto, incluso con el trabajo diario me veo obligado a hacer pausas porque me canso. Cada día que pasa, hago más salidas para fumar.

Pero me pasa con todo. No soy capaz de estar demasiado tiempo seguido conectado al World of Warcraft (quizá eso sea positivo). Incluso me cuesta acabar un solitario.

Estos días que estoy solo en Madrid, me paso la mitad del día tumbándome y levantándome de la cama, dando vueltas por la casa y buscando en la nevera algo de lo que echar un trago. Por cierto, el termino “zapatillas de andar por casa” o bien es incorrecto o no se puede aplicar a las que uso: me duelen los tobillos.

Y hoy he logrado llegar a la conclusión de que la causa es mi excesiva medicación. Dos pastillas al levantarme, una al acostarme, dos a media mañana, una (que no tomo, pero no ayudaría en absoluto con este problema) en desayuno, comida y cena y otra más “para casos de emergencia”. La última, por cierto, me ha obligado un par de veces a ausentarme del trabajo porque me estaba, literalmente, durmiendo encima del ordenador, de forma que se ha convertido en “para casos de emergencia realmente graves”.

Si sólo fueran antidepresivos, la cosa no iría mal. Pero es que son antidepresivos, antipsicóticos, tranquilizantes y alguna cosa más que ni siquiera sé. De hecho, no sé para qué es cada cosa, con un par de excepciones.

Una razón más para dejar la terapia actual y buscar otra, por si los motivos económicos que expliqué en mi anterior entrada no fueran suficientes.

Ahora mismo, tras diez meses con esta terapia, estoy peor que cuando empecé. Sí, tengo mejor ánimo, pero, ¿a qué precio?

Archivado bajo:Mi salud, física y mental

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